maquina recreativa

El resurgir del “Bar Manolo”

Ya hace años que lo vintage está de moda y exprime con fuerza cualquier recuerdo nostálgico de la infancia de quienes crecieron en los 70, 80 y 90. Se refleja en moda, decoración, fotografía, cine, y también en muchos locales de nueva apertura. Lo malo es que esa nostalgia de hoy es un poco de “usar y tirar”, y gastamos pronto ese recuerdo idealizado para sustituirlo por el siguiente.

El turno parece ahora tocarle a los populares “bares manolos”. Bares que muchos se han pasado décadas evitando, ahora pueden apreciarse desde otro punto de vista. La autenticidad autóctona resumida en un bar: tapas de toda la vida, jamones colgando, coloridos azulejos setenteros y llaveros con motivos futbolísticos colgando de grandes barras. Basta de importar conceptos ajenos, estos lugares nos hacen sentir en casa, ¡es donde crecimos!

Cierto es que la mala fama que se ganaron a lo largo de los años no era siempre inmerecida: mesas grasientas, baños imposibles… Pero hoy incluso nos hacen gracia las clásicas servilletas “impermeables” que generosamente se ofrecen en cada mesa. No olvidemos, además, que muchos de ellos parecen haber mantenido los precios de antes de la llegada del euro, y su comida casera es, en muchos casos, difícil de superar.

 

Y que no falte… la tragaperras

En todo buen bar manolo ha habido siempre un habitante eterno: las máquinas recreativas Madrid o de cualquier ciudad en España, que formará parte inevitable del recuerdo dominguero de infancia de cualquier millenial. Esos elementos, a menudo al lado de la máquina de tabaco, que pasaban inadvertidos ante nuestros ojos hasta que algún cliente (por lo general solitario y asiduo al local) las accionaba introduciendo una moneda de 20 duros y hacia brillar el juego de luces y ruedas, hipnotizándonos a tan temprana edad. Eran una tentación prohibida, solo aptas para adultos: tú, ni tocarla.

Aunque todavía no se han ido, las tragaperras constituyen ya todo un componente romántico de esa nostalgia tan extendida entre los jóvenes de hoy. Esa casi obsesión por atribuir a cualquier elemento del pasado una belleza que, de hecho, nunca nos pareció que tuviera, hasta convertirlo a menudo en objeto de culto. Las máquinas tragaperras son el paso siguiente al amor por las máquinas recreativas arcade, las antecesoras de los videojuegos, que ya hace años que hacen de las suyas entre el público hipster. En Nueva York, por ejemplo, encontramos el Barcade, una cervecería con más de 25 tiradores de cerveza y más de 30 máquinas arcade a 25 céntimos la partida. Todo un templo para el goce y disfrute del personal.

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