Articulo de los directores adjuntos de la BEAUX

El futuro no es futurible/ De niños pensábamos que era cuestión de esperar.
El teniente Rick Deckard planea en su coche patrulla en primer plano, de fondo las megalíticas hiperdensificadas pirámides de la ciudad de Los Ángeles en un turbio atardecer de un día cualquiera de 2019. Cuando se estrenó Blade Runner en 1982 apenas sí habíamos nacido. Entonces y los años posteriores vivimos imaginando que efectivamente sería cuestión de esperar; el cambio de milenio parecía lejano, y todo era posible. Nos veíamos de adultos disfrutando de todos esas increíbles visiones futuristas. (Regreso al Futuro, Soylent Green, Matrix, 2001 Odisea en el Espacio, El cortador de césped…)
Solo fijándonos en el siglo pasado podemos encontrarnos con utopistas, visionarios o adelantados, con algunas propuestas que a día de hoy están dejando de ser un sueño: los Metabolistas, Archigram, Allan Boutwell y Michael Mitchell, James Holloway, Herman Sörgel, T. Garnier y en nuestro país Fernando Higueras, Prada Poole o Rafael Leoz entre tantos. Todos ellos abren sin duda la puerta de futuros construidos más o menos lejanos, y quien no nos crea, debería ver el parecido entre, por ejemplo, el ímprobo proyecto de las Tres Gargantas (2005) y el Proyecto Atlantropa (1920), debería ver las minas a cielo abierto de la antigua DDR (desde 1960) y luego revisar la Walking City (1964) y hoy, visionar en youtube propuestas como la Ciudad flotante Lillypad para luego estudiar cómo funciona el Queen Elizabeth II.
Los imaginarios futuristas nos alejan de los futuros posibles y en la arquitectura actual, las respuestas que hoy nos parecen del futuro son en realidad respuestas para las necesidades de hoy. El futuro de la arquitectura de hoy es el presente que todavía no ha alcanzado esferas de representatividad. La clave en todo esto es una palabra: contemporaneidad.
Hoy es 2009 (a diez años vista del futuro de Blade Runner) miramos a la calle y todo tiene la patina barata de lo cotidiano. No se ven las curvas, ni los brillos, ni los reflejos ni texturas de la iconografía futurista, ahí siguen la suciedad, las ojeras, el sexismo, el bolardo. Luego resulta que nadie fue capaz de predecir el auge de la telefonía móvil y que casi nadie pudo adelantar el ascenso de internet. Crecimos en estas ensoñaciones y hoy somos la primera generación que no tiene el futuro que le vendieron, o quizás sí. No es posible imaginar un futuro más aterrador, que aquel en el que no ha pasado nada, y Parada siga dirigiendo “Cine de Barrio”. Donde todo sigue como hasta ahora y lo único nuevo es el ipod, la playstation y el porno en tu ordenador. El paso del tiempo nos hace alcanzar de otras formas los momentos imaginados en otras épocas. Skynet tuvo que arrasar la tierra en 1997 y nos preguntamos ¿qué es peor que los robots dominen la tierra? Que no exista ni siquiera Skynet… La gran pesadilla de Marty McFly es encontrarse en un futuro estático e inmovilista, un futuro que no nos corresponde, un futuro que no habíamos aprendido. Y es que, como decía aquel a las puertas de su casa arrasada, “el futuro es lo que no hay”.
Y ahora nos enteramos de que el futuro quizás no vaya en la dirección tecnológica tanto como en la social. Aprendiendo de La Red sería algo socio-tecnológico. “Según Tim O’Reilly, principal promotor de la noción de Web 2.0, los principios constitutivos de ésta son siete: la World Wide Web como plataforma de trabajo, el fortalecimiento de la inteligencia colectiva, la gestión de las bases de datos como competencia básica, el desarrollo continuo del software, los modelos de programación ligera junto a la búsqueda de la sencillez, el software no limitado a un solo dispositivo y las experiencias enriquecedoras de los usuarios”. En algún momento se podrían capitalizar estas herramientas, generadas y regeneradas en el entorno de internet. Sus aplicaciones 2.0, el open source y la inteligencia colectiva, nos han dado y nos han devuelto el poder de hacer realidad proyectos visionarios. Será necesario apropiarse de estas estrategias para la creación arquitectónica, mucho más compleja, con muchos más agentes que intervengan, muchos más expertos responsables y mucha más gente que la disfrute, aunque sea pequeña. Mañana, los arquitectos que no utilicen la red serán los ascetas del futuro, y ser asceta es solo otra posibilidad más, que ha de existir, como ha existido toda la vida, porque la realidad arquitectónica en el futuro será realmente plural y difícilmente tendenciosa.
Nuevas figuras gestoras se introducirán en el análisis y la evolución de los edificios. Desde hace muchos futuros, se reclama esta realidad, las arquitecturas necesitan en paralelo un proyecto de gestión del mismo. El antiguo gremio de los porteros necesita a los arquitectos para reinventar su condición, y adaptar sus conocimientos de toda la vida a las innovaciones arquitectónicas. Expertos en la gestión de residuos, en mantenimiento energético, expertos en redes sociales y gestión inmobiliaria se convertirán en el primer catalizador capaz de transformar “53 viviendas en Vicálvaro 1.0″ en “53 viviendas y media más dos locales de ensayo 1.5″
Desligados por fin, del feroz liberalismo, que deriva en mediocridad, y del trasnochado hippismo, buscaremos más el valor añadido que la especulación. Una bolsa de alquileres y ventas, la customización vecinal, la protección y el libre desarrollo de los descampados como lugares para nada y para toda posibilidad, la escala local, vecinal, urbana con porcentajes de espacios públicos y privados simétricos sin que el primero sea un sobrante del segundo, etc. son conceptos que han existido toda la vida, que otorgan valor añadido y por tanto verdadera CALIDAD arquitectónica. Es un cambio en la forma de pensar. No se trata de imaginar las respuestas hoy para las necesidades futuras. Las nuevas dianas serán la fabricación de arquitecturas inteligentes, que permitan la fácil adaptación a las sucesivas transformaciones que la sociedad va pidiendo, mutación, rehabilitación e incluso la optimización de la inmolación arquitectónica, creándose “objetos críticos”. Pensar en “objetos críticos” como resultado, obliga a la reflexión sobre el sistema empresarial que los permita. La empresa que regulará la arquitectura del futuro estudiará más a google y a los microcréditos de la india que a las actuales empresas de construcción. El mercado del objeto crítico implica la generación de empresas de valor añadido, que oxigenen las necesidades, permitan la investigación y se retroalimenten de ella. Las propuestas futuribles habrán de ser comerciales como las películas mencionadas, y si son de calidad además serán deseables.
En este sentido podríamos añadir como estrategias posibilitadoras del objeto crítico la reserva de presupuestos para actualizaciones del proyecto construido, la no necesidad de empezar desde cero, aprovechando lo que ya hay, o entender todos los espacios no como una propiedad inmueble sino más como un mercado abierto y que éstos puedan crecer con cierta espontaneidad bajo normas prestacionales, normas que se puedan actualizar, aprendiendo y mejorando con la experiencia colectiva. Los proyectos no tendrán inauguración, sino que todos los días se inaugurará algo, a las bienales de arquitectura futuras, se presentaran las versiones 2.0, 3.5 o 6.2 de los proyectos de arquitectura en continuo cambio. Por otra parte, lo obsoleto de los tejidos pasados, tanto económicos, como arquitectónicos y urbanos nos obligan a pensar en la rehabilitación como la más utilizada herramienta de las nuevas arquitecturas, en un futuro dentro de menos de 5 minutos.
Tenemos la certeza de que existen las personas que dan en el blanco, grandes profesionales, y las personas que ponen nuevos blancos, que aunque rara vez hacen diana, hacen la tremenda y excitante labor de abrir camino. Las expertas arquitecturas de hoy, dejan paso a las equivocadas arquitecturas que proponen las nuevas formas de hacer, las nuevas formas de reflexionar. Un catalizador de arquitectura contemporánea es asumir y explicitar las equivocaciones, los fallos y los errores, y a la vez habitarlos y así, permitir las continuas evoluciones de los objetos adaptándose a los nuevos medios, en esa extraña mezcla entre Darwin y los Pokemon. Trabajar sobre los nuevos modelos llenos de errores permite la evolución de la innovación y la consolidación en el constructo colectivo cotidiano.
En última instancia, Marty McFly puede dormir tranquilo. En el fondo solo proponemos hacer explicito en el diseño arquitectónico lo que el usuario lleva asumiendo toda la vida. Démosles pautas y su trabajo doméstico será más fácil y aprovechable. El usuario es el gran rehabilitador, capaz de transformar los espacios urbanos más inhóspitos en tejidos interesantes a través de la customización colectiva, llevan haciéndolo toda la vida, por lo que tendremos que aprender mucho de sus tecnologías, sistemas económicos y formulas de gestión, y de los arquitectos “sin título” que son capaces de emocionarnos a aquellos que no tenemos tantas trabas de sobreculturizacion, por su forma de proponer un futuro independiente, lejos de la escolástica y de los cánones. Como la catedral de Justo Gallego o la arquitectura levantina fotografiada por Guillermo Pérez Villalta.
Pero quién sabe. Hoy es el 2040, y los coches siguen bien pegados al suelo, las ventanas son de doble hoja, la teja árabe un producto bien demandado, los muros son de ladrillo y las ciudades no caminan. No hay cosas del futuro, bueno, en navidad en antena3 echaron un reportaje de una exposición de robots en Japón, pero vamos, que lo ponen todos los años…
Linkografía: Algunos ejemplos
http://arqueologiadelfuturo.blogspot.com/
http://www.planetaweb2.net/
http://lebbeuswoods.net/
http://www.sustainable-city-project.com/
http://architecture.myninjaplease.com/
http://sh.edushi.com/
http://www.megastructure-reloaded.org/
http://www.breathingearth.net/
http://pingmag.jp/
http://www.ferropolis.com/
http:// muchachadanui.rtve.es/
ZULO_ARK
July 11th, 2009 at 4:13 pm
Skynet lives forever!